sábado, enero 12, 2008

DE SUEÑOS ENMASCARADOS


Bien, aqui hay otro viejo escrito de hace un par de años, espero les guste y me gustaría leer sus comentarios, pero desgraciadamente no sé como se le hace en este blog para postear





De sueños enmascarados

por:Ismael Orozco Vera

El coliseo, un lugar de guerreros, de enfrentamientos, de una lucha constante entre la vida y la muerte, donde el bien y el mal tienen su enfrentamiento y el veredicto final solo lo tiene el emperador. Ahora, con el paso de los siglos y de la memoria de las personas, el latir de los tambores, de la gente aclamando como si su propia vida se fuera en ello sigue viviéndose. La gente comienza a llegar en busca del espectáculo, los luchadores cruzan entre la multitud y son aclamados como guerreros de tiempos antiguos, los pequeños corren gritando al uníoslo por una muestra que compruebe ese momento junto a uno de los gladiadores, los cuales, sin dirigir una palabra como guardando el misticismo que parece envolverlos detrás de las mascaras que se han convertido en su rostro, en su ser, en su forma de vida que los sigue y les parece dar ese poder del que solo ellos gozan, firman en las libretas de los infantes, las que se convierten en piezas de valor incalculable para sus recuerdos, para lo que será su vida pasada, una vida que no regresara pero los acompañara por siempre.
La hora se acerca, los gladiadores esperan dentro. Afuera aun se ve un ir y venir de cuerpos intercambiando papel por papel, papel ganado con trabajo por papel que les dará el derecho de cruzar el umbral, la división entre este mundo conocido y el mudo místico del enfrentamiento colosal del bien y el mal, del enfrentamiento que vemos cada día encarnado en los cuerpos de seres humanos que en ese momento se convierten en algo más, en algo que solo puede ser contenido por un terreno divino que une la tierra y el cielo, cuatro lados contenidos por los pilares que unen y al mismo tiempo impiden la unión entre los dos reinos. La atmósfera comienza a cambiar y todo se llena por un sonido sordo, una sinfonía inaudible que es suplantada por la voz del narrador de nuestra historia para a continuación escuchar el himno de guerra de los Némesis del bien.
Las luces multicolores encienden como un puente de entrada a esta arena y la música sube de volumen para dejar entrar a los llamados rudos. Caminando de forma arrogante, ignorando a la gente que lo aclama llega hasta el cuadrilátero, en donde el juez de este enfrentamiento lo espera, vestido con uniforme a rayas como si de un preso se tratara y de cierta forma así lo es, un preso de la arena es en lo que se convierte y forma parte de una más de las confrontaciones que se dan en el coliseo, la justicia y la condena están presentes en él. Las porras que se escuchan por todo el lugar en apoyo a su gladiador, como cánticos de batalla son poco a poco apagadas al momento en que un sonido conocido invade lo que antes fue aplausos y gritos, esta vez se trata de la entrada técnica, el representante del bien sube a la arena y no hace falta nada más para que el encuentro se desate.
Llaves, vuelos, golpes, patadas, y demás artimañas son vistas tanto dentro como fuera del ring, a la par de los golpes el público hace su acto de presencia, al igual que en el viejo coliseo romano, el espectáculo no solo se desarrolla en el calor de la pelea, sino en el calor de las gradas. Mientras los gladiadores se enfrentan las gradas están llenas de cánticos, gritos, saltos, tambores y apoyo a su luchador preferido.
El bando de los rudos comienza a ganar fuerza, como si el cántico del público le diera la ventaja, su oponente esta menguado, la descarga de los castigos es brutal, el castigo se convierte en una lluvia de golpes y patadas sobre el cuerpo del oponente. Un ultimo movimiento, un ultimo agarre, una sensación general invade a todo los espectadores al observar como la espalda del enmascarado cae desde lo más alto. El ocaso comienza a invadir las rendijas del coliseo, así como parece que este día el bien tendrá que inclinarse ante el mal. Los tambores se escuchan, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, el referí cae de rodillas y comienza a golpear el suelo, ¡PUM!, un primer golpe se escucha, ¡PUM! El segundo golpe lo precede y justo cuando todo esta por terminar un movimiento invierte los papeles. La gente se emociona, como el fénix las energías del técnico parecen regresar a él, la moneda ve la otra cara y ahora es el mal el que se ve en problemas. -No hay que perder tiempo, no hay que dejar que se recupere como yo lo hice- es probablemente lo que pasa por la cabeza del enmascarado en estos momentos, una serie de golpes y un salto espectacular fueron los que consiguieron derribar al ogro gigante, ¡PUM! Un primer golpe, ¡PUM!, le sigue el segundo –uno más, unos más y todo abra terminado- el momento parece eterno pero por fin llega ¡PUM!, el tercer golpe contra la lona se ha escuchado, por fin el enfrentamiento concluyo, y una vez más el bien triunfo. En las gradas, los niños están emocionados, algunos otros molestos por el resultado, los adultos disfrutaron la pelea, aun a sabiendas que lo que ahí se vio fue algo falso, una representación que sin embargo les trajo gratos recuerdos y que por ellos seguirán ahí, fieles a esa confrontación épica, la cual, como en tiempos antiguos, sigue siendo el motivo de vida de los gladiadores.

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