miércoles, enero 09, 2008

Jack


Hace un par de años tuve un sueño el cual me parecio...cómo decirlo? conmovedor. Sé que el escrito no tiene una forma gramatical buena, y que en momentos pueda parecer de sentido (además de que pasa de relato a guión o señalamientos para un guión técnico) esto se debe a que lo escribi lo más pronto que pude luego de despertarme antes de que se me olvidara. Bien, pues no pierdo esperanza de algun día, haciendole las modificaciones necesarias, poder grabarlo. Bien aqui les dejo la historia que soñe, luego me dicen que piensan de ella.







JACK



por: Ismael Orozco Vera


=La historia nos centra en un relato contado por una personas de unos45 ha 55 años de edad sobre algo que le paso en la infancia=

“Cuando era niño, después de haber salido de no se donde, como a muchos de nosotros les pasa, me encontraba caminando, cuando me di cuenta de que haba perdido el rumbo, las calles me resultaban extrañas, y no conocía de ningún autobús que me pudiera conducir a mi casa desde aquel punto.
Decidid seguir caminando y de repente algo muy curioso paso, los lugares comenzaron a tener familiaridad para mí, pero al mismo tiempo era como si siguiera perdido, decidí caminar un poco más y aquí es en donde todo comienza.
Una pequeña farmacia en una esquina repleta de niños, nada fuera de lo normal, o que de verdad cambio mi vida se encontraba más arriba, no quiero decir arriba de la farmacia, lo que quiero decir es que la calle que seguía era de lo mas inclinada que te puedas imaginar, tal vez lo digo por que como todos saben, cuando somos niños vemos las cosas de un modo un tanto diferente, pero aun hoy en día sigo recordando esa calle como la más inclinada que nunca haya visto, y a cada paso que dabas se inclinaba aun más. Los niños de hay no tenían problema alguno en subirla en sus bicicletas y patines, pero yo tenia que estarla subiendo poco a poco. De vez en cuando un niño pasaba al lado mió y al ver que el podía subir más rápido yo lo intentaba pero solo conseguía estar a punto de caerme, así que decidí regresar al paso a paso, hubo un punto en el que casi tenia que ir gateando para poder subir, aunque los otros niños subían como si nada, ya casi al final de esa calles (Por que hemos de recordar que es una calles, y por más que me parecía que había asubiado, no me había desplazado en ella más que cualquier calle común, lo cual comprobé al mirar abajo y ver que cuando más, la farmacia se encontraba a 25 metros) se encontraban 2 árboles pequeños, los cuales dificultaban un poco el paso a los niños de bicicleta, pero a mi me hicieron de gran ayuda, ya que sentía que estaba a punto de caer y estos árboles me ayudaron a completar la ultima parte de mi recorrido, los tome y curiosamente, al ponerme de pie la continuación de la calle era plana además de darme cuenta que era una calle cerrada. Al lado de los árboles había una puerta blanca, con un pequeño cancel muy pegada a ella, lo cual me ayudo a poder sujetarme mejor, para poder ponerme de pie. Cuando lo tome, el cancel se recorrió de una forma muy fácil, como si sólo estuviera hay como adorno, estaba muy bien engrasado (por que debo de decirles que era corredizo, y se deslizaba por la pared) por lo cual cuando termine de levantarme, y de recorrer el cancel sin querer este ya había golpeado la pared dos veces de una forma en la cual cualquiera que viviera hay habría salido a ver que pasaba, pero nadie salio, me puse de pies y fui al final de esa calle, en donde, como ya les había dicho, era una calle sin salida, lo que no quiere decir que no viviera gente hay, por el contrario, había tres puertas muy juntas de tres casas diferentes, dos de esas puertas estaban encontradas entre si, mientras la otra estaba en medio de las dos, como una especie de cuartito.
Regrese para bajar por la calle, ya que tenia que regresar a mi casa y ya era tarde, cuando me puse al lado de los árboles para ayudarme a bajar se abrió la puerta blanca, pero nadie salio de ella, simplemente la abrieron para que el aire y la luz del día entrara, como se solía hacer antes, y que aun hoy en día se sigue haciendo en muchas partes. Pero también hay otro significado cuando se abren las puertas de esa manera, es una invitación para entrar a quien quiera que tenga ganas de hacerlo. Yo no sabia eso, pero decidí hacerlo, y entre, en su interior había una familia, como esa que se te presenta en las películas estadounidenses de los años 40 o 50, una familia que resultaba peculiar, ya que a pesar de parecer afro americana, también daba la impresión de haberla visto muy a menudo, y como bien saben, en este país no es muy común ver personas de ese tipo. La casa, por lo menos lo que vi, de ella, también era de esa época, en cuanto cruce la puerta, lo primero que i, fue una sala, en la cual, había un sillón, de esos para tres personas que estaba orientado hacia la salida, del lado contrario de la pared y delante de la puerta, había un pequeño librero en el cual había retratos, trofeos, y algunos libros, enfrente del sillón había una mesa con un pequeño mantel circular tejido, el cual no cubría toda la mesa, y encima de él estaba un florero. Al fondo del cuarto se encontraban dos pasillos, los cuales daban a las demás habitaciones, extrañamente todo adentro mantenía una tonalidad café, que resultaba muy acogedora. Pero bueno, como les decía parecían una familia de aquella época, con todas sus virtudes, estaba una señora, la cual no se veía muy grande, si no más bien joven, tenia mucho cabello era chino y tenia una banda en la cabeza que le echaba el cabello hacia atrás de color verde limón. El señor, que de seguro sería su esposa, que a lo más le sumo 35 años, tenia un corte de cabello corto, unos lentes, que en momentos parecía que se le perdían y fueran parte de su cara, ya que le quedaban muy bien, y una pequeña barba y bigote, esa de la que llaman de candado. Y un Señor aun mayor, el cual no tenia barba ni bigote, y su cabello ya pintaba un color entre blanco y negro, como cuando haces café y le agregas un poco de leche, pero no lo revuelves mucho, tenia una pequeña boina, y un chaleco tejido, de complexión como los abuelitos de aquella época de los 50, no era delgado, pero tampoco llegaba a ser obeso, era mas bien de apariencia simpática. También me parecía ver a un niño, el cual pensé que era su hijo, pero al desviar un poco la vista cuando el padre de familia me hablo (el cual era el de la barba de candado) y volverla a poner en donde estaba el niño, este ya no estaba. AL verme, toda la familia me saludo, cosa rara ya que pensaba que com. Cualquier otra familia me correrían de inmediato de la casa, pero no fue así, la señora que estaba sentada limpiando el florero me invito a pasar y dijo que esperara, que me traería algunas galletas y algo de tomar, el abuelo, que hasta ese momento se encontraba delante de la puerta y de espaldas a mi, voltio a verme y con una sonrisa, acerco su mano derecha a mi oído y después la retiro, trayendo consigo una moneda de chocolate, de esas que están envueltas en papel de estaño dorado, (hasta ahora nunca he descubierto como lo hace, ya que es muy difícil tener a la mano una de esas monedas a todo momento) me la entrego y el papa que sostenía un pequeño trofeo que limpiaba me miro y me dijo, -difícil subida ¿no?- creo que se refería a la calle inclinada que acababa de subir –Sabes te daré mi vieja avalancha, ya veras que divertida te resultara esa calle con ella, gane muchos concursos, es muy veloz, si con un pequeño empujón en una calle completamente horizontal alcanzaba lo que a mi me parecía 40 KM/HR, imagínate lo que hará en esa bajada- Cuando dijo eso, caí en cuenta que ese pequeño trofeo que limpiaba, debía de ser de alguna de esas competencias, y lo corrobore, al ver un pequeño retrato que estaba al lado del señor, en el cual aparecía un niño, con un caso, abrazando su avalancha y en la otra mano sostenía un pequeño trofeo. Todo aquello se me hizo algo raro, puesto que yo no los conocía, pero ellos me trataban como si me conocieran de toda la vida. Llego el momento en que me tuve que ir a mi casa, no recuerdo que me haya despedido, y que bien que no lo hice, por que si lo hubiera hecho, de seguro nunca habría regresado a aquel lugar. Cuando llegue a mi casa, mi madre me recibió, era una mujer de cabello rubio, largo, delgada y diría que joven, me regaño por supuesto por haber llegado tarde a casa y me pregunto que en donde estaba, (de verdad esa parte no recuerdo si fue después de haber hecho varias visitas, o fue la primera vez que llegue después de haber visitado aquella casa con la puerta blanca, pero como saben, hay veces que nuestros recuerdos de la infancia no son tan nítidos como quisiéramos) le dije, todo lo que me había pasado, y ella me dijo que no quería que volviera a visitar a esas personas, pero por supuesto, y como muchos habrían hecho, no le hice caso y al día siguiente volví a esa casa de la puerta blanca, aunque estaba vez no recuerdo que me haya costado tanto subir esa calle.
En esa ocasión, no recuerdo si fue el padre o el abuelo el que me comento que siempre quiso tener un hijo, y digo que no lo recuerdo por que en estos momentos el señor tiene la misma apariencia que el abuelo, pero eso ya es adelantarme en la historia.
Yo seguí regresando muchas veces a ese lugar, me la pasaba hablando con ellos largas horas, les contaba todo lo que hacia, y ellos me contaban de lo que hacían, les decía como había sido orador en la escuela, y ellos me decían que iban a participar en diferentes eventos. Y en todas esas pláticas el abuelo nunca perdía ocasión para sacar una moneda de chocolate de mi oído.
En una ocasión, cuando llegue a mi casa, mi madre había invitado a un padre (un sacerdote de una iglesia cercana, el cual era delgado, usaba unos lentes redondos de aumento, y ya era evidente que le faltaba algo de cabello, pero aun así lucia una apariencia joven) ella quería que dejara de visitar a esa familia, y lo había llevado hay para que el padre me convenciera de que era malo ir con ellos. Yo le conté al padre que no quería dejar de verlos y de todo lo que había vivido con ellos. Mi madre enojada me mando a mi habitación, pero como muchos niños curiosos, di vuelta en el pasillo y me quede oyendo la platica del padre con mi madre –Señora, debe de entender, esas personas no son malas, pero si son muy diferentes, y debemos de aprender de ellas, la gran diferencia entre nosotros y ellas, es que nosotros queremos nuestra recompensa, que sea solo nuestra, no queremos que alguien más se aproveche de nuestros logros, que “interfiera” con lo que hacemos por que pensamos que todo lo que hemos hecho será robado por otras personas y que ellos serán los beneficiados. Sin embargo, las personas de las que habla su hijo, están seguras de que tendrán su recompensa tarde o temprano, y que nadie se las quitara. Por lo tanto ayudan a los demás, se alegran por la compañía, pues no tienen temor de que sus logros sean robados por otros, más bien, ayudan a otros a tener sus logros y que juntos obtengan esa gran recompensa- No estaba seguro con que se refería el padre con eso de la “recompensa” tal vez era el cielo, tal vez era otra cosa, pero después de oír eso, no me quedo duda de que debía seguir yendo con aquellas personas y no separarme de ellas.

=La imagen se transporta a una casa, algo pequeño pero acogedora, de la misma tonalidad café que había en la casa de la puerta blanca. En primer plano se ve a un señor de entre 45 a 55 años, con el cabello corto y barba desde las patillas y también con bigote, también se mantenía muy corto, todo su cabello era de una tonalidad gris negrusca. Tenia una brazo sobre una muchacha, que era su esposa, ella al igual como las otras personas de la caza eran de apariencia afro americana=

“Y eso a grandes rasgos es lo que paso en mi infancia y como conocí a todas estas personas”

=Se sentó en una silla, que se encontraba en una pequeña barra en la cocina de la casa, sin soltar a su esposa que se encontraba sentada al lado de él, de pronto el abuelo, que era aquel señor de barba de candado, se sentó en una silla al lado de Jack, puso una gran tazón en la mesa y saco unas pinzas, las cuales acerco a el oído de Jack y saco una moneda de chocolate, después las volvió a acercar y saco otra= -Ya basta, que no terminaran de atormentarme y no decirme como lo hacen- =El abuelo volvió acercar otra vez las pinzas al oído, pero esta vez las dejo un poco más alejadas, para que Jack pudiera ver como hacia el truco, en eso, por una puerta entro un niño, igual al que Jack le había parecido ver cuando el era niño en la casa de la puerta blanca= -Papá ¿el abuelo te esta haciendo lo de la moneda?, a mi ya lo hizo, lo vi- -Como que lo viste, ¿sabes como lo hace?- -El abuelo, siempre lo ha dicho y así es como supe como lo hacia- =El niño comenzó a hablar, pero las imágenes que aparecen, son de varios momentos en la vida de Jack niño, con el abuelo, el señor de boina y chaleco tejido, como el le daba consejos, y de cómo vio a toda esas personas que ahora eran su familia haciendo muchas actividades. Y era como si en lugar del niño, el abuelo fuera el que hablaba en la mente de Jack= -Nunca le des la mano a alguien sin antes ver que tiene en ellas, ten presente siempre fijarte muy bien en sus manos, y la forma en como te las da, así puedes saber si miente, o te da su confianza, si es sincero, o e quiere engañar, puedes saber mucho con un simple apretón de manos, así es como lo supe, mire su mano, cuando la acercaba, y hay estaba la moneda-

=La toma se pasa a una gran conferencia, en la cual Jack es el conferencista, y les decía a todo el publico lo mismo que le dijo su hijo= -Nunca le des la mano a alguien sin antes ver que tiene en ellas, ten presente siempre fijarte muy bien en sus manos, y la forma en como te las da, así puedes saber si miente, o te da su confianza, si es sincero, o e quiere engañar, puedes saber mucho con un simple apretón de manos-

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